AIGA! es una propuesta escénica inspirada en el potencial artístico de nuestro entorno cotidiano. El proyecto consiste en realizar intervenciones en espacios no preparados y que guardan una relación con el agua.
El uso simbólico del agua me permite manifestar la expresividad de todas las cosas a través de la pregunta; ¿Puede el arte ocupar un espacio tan importante, y a su vez tan inadvertido en la vida de las personas como el que tiene al agua?

Originalmente la fuente de inspiración de mi proyecto fue la necesidad de trasladar al público la intensidad con que las pozas de los ríos pirenaicos de mi región nativa en Cataluña, donde nos bañábamos durante las largas tardes de verano, se comunicaban conmigo a través de sus formas, colores y sonidos.

En esta fase de mi proyecto quiero trabajar de manera teórica y práctica la idea de que el arte, como el agua, es parte indisoluble de nuestro paisaje cotidiano, y para demostrarlo propongo intervenciones en lugares como fuentes públicas, antiguas fábricas textiles y otros espacios que relacionen el arte y las diferentes actividades humanas.

El nombre de este espectáculo hace referencia al fonema con el que los habitantes de algunas zonas del Pirineo y Prepirineo Catalán nos referimos al agua eludiendo la «u» de la segunda sílaba, con la expresión resultante; «AIGA!». Una expresión conocida y empleada por los intérpretes y creadores del proyecto a raíz de su vinculación nativa con el territorio del Pirineo catalán.

Mi proyecto se sustenta en la idea según la cual las cosas se expresan por naturaleza siempre que son observadas atentamente, y esta reflexión permite detectar, en las cosas más mundanas, eventos únicos e irrepetibles que activan nuestra mirada y conectan el entorno cotidiano de nuestra sociedad con el arte.

AIGA investiga hasta qué punto el arte se encuentra en cualquier cazuela, cualquier arroyo, poza, depuradora o vertedero, y hasta qué punto, este arte acude a nosotros en diferentes momentos y estados de forma.
Inseparable de la vida, el arte es el vaso de agua por la mañana, el parloteo del fregadero y el chorro de agua fría que nos bautiza cada día.

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